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sábado, 5 de enero de 2013

El aroma de su espalda (Relato en dos partes)



Estaba terminando de afeitarme cuando sonó el teléfono.

- ¿Dígame?
- ...
- Que me espere en la cafetería. Bajo enseguida.

Poco antes de que el auricular tocara el teléfono separé los dedos para dejarlo caer. El recepcionista del Hotel me avisó de la llegada de Laura. ¿Cómo habrá sabido que estoy en Barcelona, si llegué ayer, y todavía no había contactado con nadie? No dejaba de pensar en eso mientras iba a su encuentro.

- Com estàs? -Su sonrisa llenó su cara y me ofreció la mejilla. Al besarla retuvo su cara un instante.

- Dime, ¿cómo has sabido que estoy aquí? -pregunté-

- Yo me entero de todo lo que ocurre en el Omm. ¿No te acuerdas? ¿Cuántos días estarás?

- Supongo que cinco -contesté- Estaré en la agencia un par de días para ultimar detalles y después uno más para la sesión.

- En Estudi o en exteriors -interrogó.

- Aquí al lado, en Provença. Un piso alquilado con una decoración que le va al pelo. Pero a ti eso, ya sé que no te importa. Dime que es lo que quieres.

Laura terminó de un trago lo que le quedaba del bitter.

- Verás, Inma ha vuelto de Puerto Rico hace un mes y vamos a hacer una fiesta en casa de Ernesto. Estaremos todos. Y será una bonita sorpresa tu presencia allí.

Asentí con la cabeza y sonreí. -¿Sabe alguien más que estoy aquí? -le pregunté-

-Només Inma -respondió-. Empezaremos a llegar a partir de las seis. ¿D'acord?

Me dio un beso en la barbilla y sin decir nada más, dio media vuelta y se fue. Seguía con la costumbre de arrastrar la gabardina por el suelo antes de ponérsela sin dejar de caminar.

El día de la sesión en Provença fue un éxito, tanto por la organización como por todo el personal, las fotografías deben estar listas para dentro de 15 días y para las de medio formato, el plazo es de un mes. Estaba contento y me fui a cenar al Tragaluz.

Fin de la primera parte




viernes, 14 de diciembre de 2012

¡Vuelve!



Me separé de él. Le dije que era un parásito, y realmente  lo era: ¡toooodo el día detrás de mí! Es que no me dejaba ni a sol ni a sombra. Un día de esos en que lo necesitaba de verdad, no dio señales de vida y desde entonces no quise saber nada de él.

Ahora quiero que vuelva. No le echo de menos; pero quizá, no se... puede ser un buen momento.

Es seguro que estará solo. Sé que si no está conmigo no estará con nadie. Cómo él hay muchos, millones; pero él ha sido mío y lo seguirá siendo. Nos une algo muy especial.

Si por esos azares de la vida alguien se topara con él... le agradecería le diera mi mail. Se llama Ángel, tiene pluma, y su apellido es De la Guarda.


domingo, 21 de octubre de 2012

El culo


Ya no aguantaba más y tenía que hablar con Txomin. Desde que le extraje una pajita de la planta del pie, somos carne y uña y hace de eso, más de doce años.

-¿Que desea tomar?- Me preguntó el barman mientras sacaba brillo a un vaso.

-Una caña tostada por favor.- Contesté.

Un manotazo en el hombro delató la llegada de Txomin.

-Txomin, ¿cómo estás?- le dije mientras le ofrecía la mano.

-Bien Iker, venga cuenta, que tengo poco tiempo hoy. Rosa quiere arreglar hoy lo de las lista de invitados de la boda.

-De acuerdo- y después de decirle al camarero que sirviera otra caña tostada más, me confesé con él.

-Verás Txomin, no me voy a andar con rodeos. No quiero trabajar más enseñando el culo. Lo he estado pensando, estudiando los pros y los contras y no aguanto más.

-Pero... ¿qué dices? ¿estás loco? Piensa en el dinero. Te reporta muchos beneficios. ¿Lo has hablado con...

-No Iker- le corté. Además creo que lo sabe. Hasta creo que todo el mundo lo sabe. Es horrible esta situación.

-Pero todos en la cuadrilla sabemos a lo que te dedicas y eso es normal.- Y apoyando una mano en mi hombro, continuó: -Tienes que hacerte a la idea.

-Pero, Iker, es mi culo. -puse énfasis al decir mi-, y no quiero seguir haciendo eso.

-Pero "eso" como tu dices te hace pagar las facturas y te da de comer. -me dijo Iker esta vez muy serio.

Yo deseaba terminar la conversación porque no me gustaba el cariz que estaba tomando.

-Mira -le dije- seguiré con eso hasta que encuentre otro trabajo en el que tenga que estar sentado. Estoy harto ya de la fontanería; aparte de enseñar la rajita del culo cuando estoy agachado, me empiezo a resentir de los lumbares.

-Me parece bien -sonrió- y pásate por la casa nueva antes que la habitemos, para instalar el jacuzzi.

- ¡Qué joio! . Bueno me voy que quiero comprarme un San Pancracio.

- ¿Que dices? pero ¡si eso está más visto que el culo de un fontanero!. Uy perdón.


viernes, 19 de octubre de 2012

Casi



Él tenía la mirada perdida mientras caminaba saliendo del salón.

-¡Bob! ¿Qué has hecho?- le pregunté.

No obtuve respuesta. Le conocía desde hacía veintidós años, dieciocho de casados, y nunca le había visto así. Le notaba distinto.

-¡Bob! debes llamar a la policía- le ordené mientras miraba el cuchillo ensangrentado que apretaba temblorosamente con su mano derecha.

-¡Bob! ¿Me oyes? ¡Bob!

Era inútil. No me oía y  tampoco yo podía moverme. Estaba petrificada. Él no era el mismo de siempre. Nuestra relación no funcionaba bien desde hacía casi un año y habíamos empezado a odiarnos... a no soportarnos... sus maltratos fueron en aumento...y mis visitas a urgencias también; pero ahora al verle, es como si yo hubiera olvidado todo eso. Incluso me encontraba bien; era extraño.

En medio del salón detrás del sofá y sobre un charco de sangre sobresalían unos pies desnudos. Uno de ellos tenía espasmos cada cinco segundos.

-¡Bob! pero... ¿que has hecho? ¡Hay que llamar a una ambulancia!- le gritaba tanto que me ardía la garganta.

Bob no me escuchaba, se estaba colocando en el cuello una soga que había atado a la lámpara de araña, por cierto, regalo de bodas de mi suegra. De repente se oscureció la estancia y no veía nada. Parecía un apagón eléctrico.

Al cabo de un rato alguien me llamaba.

-Señora Tundall. Señora Tundall- la voz sonaba lejana.

-¡Señora Tundall! ¡Regrese señora Tundall!- esta vez la oí al lado de mi oído y abrí los ojos.

-Señora Tundall, ya ha pasado todo. Está usted fuera de peligro- me dijo aquel chico arrodillado junto a mí.  -Hemos controlado la hemorragia y está usted a salvo-.

-Su marido ya no volverá a hacerle daño- me decía otro chico que no cesaba de hablarme. Me encontraba algo mareada y no podía prestarle atención. Giré la cabeza despacio y pude ver varias personas en el salón, policías de uniforme... Estaba tomando consciencia de lo que me había pasado y volví a mirar al chico que me hablaba.

-... ¿lo hará, señora Tundall?-

Asentí con la cabeza mientras me colocaban una mascarilla y me introducían en una ambulancia.

Una palabra me martilleaba la cabeza: Casi.


lunes, 2 de julio de 2012

Cuestión de paciencia


-Quiero aprender. ¿Que haces?
-Mido la luz que incide en su cara.
- ¿Y ahora?
- Coloco un filtro verde en el objetivo para mejorar el tono de la piel, y ajusto la velocidad y el diafragma.
...
...
- ¿A que esperas?
- ssshhh
...
- Cuando voy a pescar puedo esperar hasta 30 minutos a que pique un pez. Ahora solo espero un mirada.
...
click

miércoles, 11 de abril de 2012

La cita (1ª parte)


Se soltó el pelo y sacudió la cabeza. -Que sean 16- susurró mientras se arrodillaba frente a él.
Clavó los ojos en los de él y éste le aguantó la mirada deslizándose un poco en el sillón. Después le separó las piernas para apoyar los antebrazos en sus muslos y le apretó el cinturón para poder soltar la hebilla. Tras desabrochar el primer botón, empezó a bajar su cremallera. Un espasmo aumentó de tamaño aquel bulto y siguió a duras penas. Lo presionó con su mano sobre el braslip y al enderezarlo asomó sobre la goma de la cintura: brillante, roja, palpitante y caliente. Se echó hacia atrás para bajarle los pantalones junto al braslip y los tiró tras de sí.
Con la mano izquierda en sus testículos y el pulgar de la derecha en el glande como si fuera a descorchar una botella de cava, le sopló con suavidad antes de cubrirlo con sus labios.
El cambio de temperatura y humedad hizo su efecto y más cuando se apartó y sus dedos tamborileaban de arriba hacia abajo con esos toques tan sutiles. La punta de su lengua en la base del glande no descansaba.
Le gustaba mirarle a la cara para ver el efecto que provocaban sus maniobras y disfrutaba dirigiendo su respiración y sus sonidos guturales. Dominaba la situación y era capaz de demorar su deseo de terminar, el tiempo que quisiera.
Tras una penetración profunda  notó su cuerpo tenso y se la sacó de la boca formando hilos de saliva. Un reguero de flujo empezó a asomar. Era inminente la llegada de un espasmo y le apretó fuerte el perineo con los dedos haciendo unos círculos y la palma de la otra mano sobre su vientre. El semen empezó a brotar mientras elevaba la pelvis; comprendió que necesitaba contacto y ella se puso sobre él para que le penetrara sólo con el glande. Cuando terminó de correrse, entró por completo y ella le soplaba en el cuello y la frente para refrescarle.

(continuará)

martes, 20 de marzo de 2012

Sístole - Diástole

Hay cosas que son para siempre



Recuerdo aquellas mañanas de los viernes, cuando tenía la voz algo tomada por el tabaco y los excesos (Si. Yo era de los que salía los jueves, por aquello de estar con los habituales.) Como decía, esas mañanas con la voz grave y pausada, cantando esta canción mientras preparaba el café y buscaba mi affaire entre sábanas y almohadas con movimientos lentos por necesidad.

sábado, 3 de marzo de 2012

Diálogo ferretero


El tornillo a la tuerca: - "Qué suavemente te deslizas, hacia arriba, hacia abajo, silenciosa, deprisa, despacio; y qué bien encajamos." (La tuerca estaba que se engrasaba de gozo.) "pero no aprietes tanto, ¿no ves que hay una arandela que va por libre aunque no sea de mi calibre? ¿Y, no te das cuenta que la arandela estará siempre ahí, esté la tuerca que esté? ¿No te das cuenta que, para que YO funcione bien, necesito esa arandela -sencilla y eficiente- en mi cuello, independientemente de que tú seas una tuerca hexagonal, cuadrada, palomilla o hexagonal ciega y tengamos la misma rosca?"

(Cuanto más apriete la tuerca, más cerca estará la arandela de la cabeza del tornillo)
Es que los tornillos somos así.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Velocidad


Aquel coche se dejaba llevar. Su motor pedía caña,  como su propietaria sentada de copiloto.

Un toque suave al acelerador hacía que se clavara su espalda y cabeza al respaldo del asiento mientras sus muslos desnudos apretaban sus manos.

Al aminorar, se ahuecaba el pelo y secaba las comisuras de los labios con el índice.

¡Cuanto disfrutaba con aquel SLK! Ella lo sabía y por eso solía lanzarme las llaves con ese guiño tan característico como sólo ella sabía hacerlo.

Al llegar a su chalé y antes de que terminara de cerrarse la puerta del garaje, los respaldos empezaron a bajarse. Al mirarla, ella ya solo tenía puesto el sujetador de La Perla color vino, que su marido le regaló hace unos días por su aniversario de boda.

Debió utilizar alguna de sus técnicas aprendidas de Aikido, porque solo vi como tenía la intención de abrazarme y en un segundo me encontré sobre ella. Sus manos tardaron aún menos en soltarme el cinturón y mientras me hacía un masaje de encías con su lengua, me di cuenta que ya tenía los pantalones a la altura de los gemelos y el bóxer por las rodillas.

Cuando me abrazó con sus largas piernas, mi pene resbalaba en la entrada de su vagina y lo guio para que le penetrara, mientras con la otra mano ponía freno a mi cadera. Un centimetro... dos...; no permitió que entrara más de tres. No se cuanto tiempo estuvimos así, besándonos, mordiéndonos como posesos.

Mis espasmos me obligaban a salir y ella me apretaba los glúteos para evitarlo,  pero esta vez era yo quien no quería penetrar hasta el fondo; lo que hizo que sus uñas se clavaran en mi espalda y nalgas, y sus dientes en mi hombro.

El sonido inconfundible de la Ecosse Titanium de su marido, nos dejó jadeando y sudando cada uno en su asiento. Los respaldos subían. Ella miraba al techo del garaje y tragaba saliva a duras penas.

- No vuelvas a dejarme así. -sonrió-. Entremos. Ve a saludarle y después llévate el coche.

Me besó con un mordisquito en el labio cargadito de maldad.
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martes, 13 de diciembre de 2011

El cielo no tiene pestillo


    Domingos vacíos, aburridos y apáticos. Parejas de mayores practicando marcha en chándal por la city. Parejas de jóvenes, unos durmiendo y otros regresando a casa. Parejas de maduros en bici unos y en la cola de la panadería otros.
    -No me gustan los domingos, Juan. Si pudiera los borraba del calendario. ¿sabes una cosa? al acabar el domingo me di cuenta que estaba con armas negras.
    -¿Qué dices? ¿Ya estamos? -repuso Juan-
    -Te explico -le dije mientras le mostraba el sillón orejero-
    Juan se sentó y le ofrecí la mitad de una chirimoya y una cucharilla.
    -Verás, cuando los caballeros medievales se entrenaban para el combate, usaban unas espadas de hierro corrientes sin filo con un botón en la punta, como los floretes de hoy en día que se usan en esgrima, y recibían el nombre de armas negras.
    -¿Y? -Preguntó Juan mientras escupía una pepita de la chirimoya en el cenicero-
    -Pues que en oposición -contesté-, las que usaban en los torneos eran de acero, brillantes y con el extremo afilado, o como decían antes, con la punta en blanco. Los contendientes se presentaban al maestro de armas con sus escuderos quienes llevaban los escudos, y penachos.
    Juan me cogió la Pepsi y la olió.
    -¿Te imaginas Juan? -continué-. ¿Te imaginas qué espectáculo con música de fanfarrias, los estandartes al viento, las armaduras brillantes?. Todo eso quedó asociado a la frase de estar de punta en blanco; o sea estar con las mejores galas. Y ese dicho aún se aplica a quien está impecable desde la cabeza hasta los pies. Vestido como para un torneo... de elegancia.
    - Y ¿qué tiene que ver eso con que estabas tú con las armas negras?
    -Pues que al final del domingo, ese domingo apático, aburrido y gris, un "Hola wapo" lo llenó de color, se me abrió el cielo y yo no estaba de punta en blanco.
    -Siempre lo estás -me dijo mientras se levantaba y poniéndome una mano en el hombro-. ¿Sabes? la Pepsi no te sienta bien.
    Juan se contagió de mi risa mientras le acompañaba a la puerta.
    - ¡Llámame para comer! -gritó sin mirarme mientras bajaba las escaleras-

Safe Creative #1201030844209

jueves, 8 de diciembre de 2011

Los botones


    No podía evitar oir la conversación a tres bandas junto a mí, mientras me tomaba una caña en aquel pub.
    A mi izquierda una chica, otra a mi derecha con una gran melena negra mojada por la lluvia y otra detrás. Yo apoyado en la barra mirando las botellas, el ir i venir del camarero y las lucecitas del equipo de música que tenía frente a mí, cuyo volumen hacía que las tres chicas hablaran más alto de lo habitual.
    -Chica pues yo con él, es que no puedo. Es un patoso. Si no le das una cremallera es que se pierde.
    -Sí, si es que son unos botones de nada.
    -Sí, pero es que son todos iguales. Si no saben desatar una blusa como van a saber... (En ese momento dejé de escuchar porque la que tenía a mi derecha me dio con toda la melena en los ojos como si fueran 1000 látigos, con ese puto movimiento que tienen de cabeza como para sacudirse yo que sé qué).
    -Uy perdona, -me dijo mientras me frotaba los ojos por el dolor y me secaba las lágrimas-
    -No te preocupes, no es nada -le mentí -, por cierto no podía dejar de escuchar lo que hablabais de los botones. Es que vosotras tenéis los botones a la izda., y nosotros a la derecha y hay que tener cierta práctica.
    La chica me miraba como un bicho raro, así que tuve que explicarme.
    -Verás, es que antiguamente las damas de buena posición eran vestidas por sus criadas y para ellas la labor resultaba más fácil si los botones estaban situados al revés de como debían estarlo. Por eso se adoptó el cambio y se convirtió en costumbre. Y hasta hoy. Ya ves.
    La chica no dejaba de mirarme a los ojos, ni cuando andaba hacia atrás arrastrada de la mano de una de sus amigas. La perdí entre las cabezas de todo el local. Mi ojo derecho me escocía y no dejaba de llorar.
    Al mirar hacia abajo, me di cuenta de que tenía la bragueta abierta y de que no era un caballero de buena posición.

Safe Creative #1112130739893

La nariz de los emos


- ¿porqué no tienen nariz los emoticonos?
- Se quedaron chatitos al rodar
- Pobretes.
- No, si no necesitan el olfato.
- Ya, y cuando tienen catarro... que pasa con los mocos?
- Oye, tu flipas.
- La noche... es que me confunde.
Safe Creative #1112130739886

lunes, 5 de diciembre de 2011

El Ascensor


-Guión cinematográfico-

Zaguán. Interior. Día.

(Fundido negro) Antes de los títulos de crédito, insertar en scroll el siguiente texto:

“Todos los personajes y hechos de este relato son ficticios, y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Todos los hechos en los que han sido inspirados, han sido cambiados para convertirlos en ficticios."

(Fundido negro) (Sonido de fondo de latidos de corazón durante toda la escena)

Ernesto espera al ascensor. -Plano medio de Ernesto de espaldas desenfocado, con enfoque a la puerta del ascensor al fondo. -ver Storyboard- 

Se abre la puerta del ascensor y sale la vecina del 5º A.

Vecina del 5º A: -Buenos días.
           Ernesto: -Buenos días.

Travelling de Ernesto entrando al ascensor (Fundido negro)

FIN

Safe Creative #1112130739879

domingo, 4 de diciembre de 2011

En el dentista


Ayer estuve en el dentista y, cuando ya me había reclinado hacia atrás, casi en la horizontal, le agarré de las pelotas como siempre y le dije: "No nos vamos a hacer daño ¿verdad? 
Negó rápidamente con la cabeza mientras se ponía la mascarilla. 
-Tranquilo -le calmé- no hay ninguna cámara. No voy a usar nada como prueba, quítate la mascarilla.
-Siempre con tus bromas; pero suéltame los huevos. 
-Ni lo sueñes -repliqué- 
Después de haber tenido que retorcérselos por cuatro veces, me enjuagué y me dirigí a la recepción, donde pagué los honorarios correspondientes.
-La próxima en 15 días -sentenció la recepcionista-
-¡Y no faltes! -se oyó desde el quirófano.
Mientras me dirigía al coche, me proponía preguntarle la próxima vez, por qué me pone siempre la anestesia tan liviana.

Safe Creative #1112130739763

sábado, 26 de noviembre de 2011

Ya no más.


El la insultó, abofeteó y golpeó sin contemplaciones, como casi todas las noches. Después en el suelo, como no pudo violarla, dos patadas casi la dejan sin respiración. El, con los nudillos ensangrentados, se sentó en la cama y encendió un cigarro mientras ella caminaba a duras penas hacia el baño.

Cuando ella salió, le pidió a él que hicieran el amor, y le dijo que no volvería ha ponerle la cena fría nunca más.

Horas después cuando él abrió los ojos en la U.C.I. vio que no le habían podido recomponer el pene. Le dijeron que su mujer se había colocado en la vagina un tubo hueco con una cuchilla de afeitar en el centro.

El sólo recuerda la sonrisa de su mujer mientras le penetraba.

Ella emprendió una nueva vida en un nuevo lugar.

Safe Creative #1112130739848

viernes, 25 de noviembre de 2011

Perplejidad

Microrrelato finalista en el I Concurso de microrrelatos del Diario Información.
(condiciones: 150 palabras y entre ellas: "periódico Información")


Estaba con el corazón cosido a mentiras y el alma escayolada frente al mueble del hall donde estaban las llaves del deportivo que le regalé y uno de sus pendientes. Al avanzar pisé sin querer el otro pendiente antes de detenerme en la puerta donde sus suspiros sonaban ajenos. Dejé de respirar para oír con más atención hasta que el dolor hizo que me dirigiera a la sala. Sobre la mesa, el cenicero con colillas de una marca no habitual en ella, y el periódico INFORMACIÓN que no se vende en Guipúzcoa, revelaron que era él y que habían venido directamente del aeropuerto. Abrí la terraza y el olor a mar me sosegó. Entonces apareció ella, acalorada, sudada y despeinada con una hilera de semen en la parte interna del muslo. Al verme apoyado en el quicio de la puerta de la terraza, me dijo: -No es lo que piensas.

Safe Creative #1112130739831

jueves, 24 de noviembre de 2011

Desconcierto

Desnuda sobre un charco de sangre en medio del salón, un cuchillo que tenía insertado un periódico, permanecía  clavado a la altura del corazón.

Al abrir la puerta a los golpes y gritos de “¡Abra policía!”, cinco hombres  fueron directos donde estaba ella. Otros dos  me sujetaron a cada lado por los brazos y me llevaron en volandas hasta un furgón.
Uno de los que estaban dentro recibió una llamada y asintió con la cabeza al colgar.
-Dijiste por teléfono  que había un periódico y ¡no hay ninguno!  –me gritó-
-¡Sí lo había! ¡Era el periódico INFORMACION  y atravesado por el cuchillo! –grité también-
-¡Mientes! –gritó enloquecido y con un portátil que tenía a su lado me partió el tabique nasal-.
Noté que perdía el conocimiento. Unos pitidos acompasados me hicieron abrir los ojos viendo el despertador marcando las 7:00 y me levanté para acudir a la redacción tras desayunar.

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sábado, 5 de noviembre de 2011

El ahorcado

E S T R _ _ _ _

Solo falta ella


-Oye
-Dime
-Que la "e" ya está puesta
-Sí, pero es distinta. Todo en "ella" es distinto. Cuando esté todo donde tiene que estar brillará por sí sola.
-¿Hay alguna Estrella?
-Miles, millones, trillones...
-¿Quién es Estrella?
-Cualquiera. Todas sois Estrella.
-Yo tengo todo en su sitio.
-Te falta una L. Cuando tengas el permiso de conducir la tendrás.
-¡Bobo eres!
-Me ahogas.


lunes, 31 de octubre de 2011

El momento

La luna casi llena fue suficiente para iluminar la casita, junto con dos velas. El viento sur me invita a asomarme a la ventana; a la izquierda una lechuza de color blanco gira la cabeza y parece mirarme; a la derecha el sonido de la corriente del río.

Bajé la persiana de cáñamo y busqué el vinilo de Dido donde está "Here with me" y lo coloqué en la Máquina de Discos con monedas, de los años 60, que ella consiguió en un anticuario cuando compartimos el Loft y que modifiqué para que funcionara con dos baterías de automovil. Metí por la ranura una moneda de 5 ptas de las que guardo para esta máquina.

"...I don't want to call my friends
They might wake me from this dream
And I can't leave this bed
Risk forgetting all that's been
..."


Me di la vuelta y estaba frente a mí, radiante, descalza, con un jersey de cuello barco amplio y que dejaba al descubierto su hombro izquierdo. Se acercaba a mí con la mirada clavada en mis ojos que apenas pude sostener. Sentí sus manos en mi pecho y mientras se ponía de puntillas me susurró al oído lo que sólo ella me solía decir. Después me miró a los ojos y tras secarme una lágrima con su pulgar me dijo: -Siempre estaré aquí.

La abracé por la cintura y ella por el cuello. No se cuanto tiempo estuvimos así; después lentamente se dio la vuelta y yo por detrás le abracé por los hombros mientras me ofrecía su cuello; aparté su pelo con mi cara y el contacto de mis labios con su piel le hicieron exhalar el aire. Se volvió rápidamente y sus labios entreabiertos buscaron los míos.

.....

Las velas se consumieron.
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jueves, 27 de octubre de 2011

Como si estuviera

Fue una visión. Hasta podría oler su cuello a pesar de la distancia. Ocultaba sus ojos tras las gafas de espejo sentada en una mesa de aquella terraza que el destino puso en su camino esa mañana. Su contorno brillaba por el sol. Apartada de miradas.

Sobre  la mesa una taza y un croissant que lentamente cogió para mirarlo durante un rato. Sin duda su mente estaba en otra cosa, su rostro sereno y su actitud relajada...


El tiempo se detuvo para ella mientras estuvo allí, hasta que su móvil sonó, se sobresaltó y tras mirarlo lo guardó en el bolso. Su nuca recibió el frescor del aire mientras se recogía el pelo. Después se fue.


Yo, en la distancia, quise oler su cuello. La vi sin verla.
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